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sábado, 19 de noviembre de 2011


Mamá, hoy he matado a un hombre.
Yo no lo sabía, tampoco quería hacerlo. Pero estuve en el momento y en el lugar en el que él murió.
El tren frenó en seco. Nadie se alarmó, a veces pasa. Medio cuerpo en la estación, la otra mitad en el túnel. Nadie se alarmó, ya continuaría hasta el final. Cinco minutos después se abrió una puerta, sólo una, la de más adelante. “Vayan saliendo todos, por favor, abandonen el tren”. Y así hicimos los que íbamos dentro. Por un momento escuché en mi cabeza esa voz del miedo que un día me infundieron “¿Y si hay una bomba?”, y mis pies avanzaron movidos por el nerviosismo. Pero salí y me choqué con la realidad “se ha tirado, un hombre se ha tirado”. Desconfiando del rumor pregunté a varias personas, no quise creerlo, pero así era. Lo asumí cuando una mujer, entre la consternación y la incredulidad, dijo con voz muda “Se ha suicidado”. Me llevé las manos a la boca abierta, horrorizada, me paré en seco y me pregunté qué le habría llevado a aquello, tratando de entender que yo, mamá, yo iba en el tren que le mató. A continuación vi lágrimas, caras blancas, cuerpos rígidos sin saber hacia dónde avanzar. Gente en el andén, curiosos ignorantes, protección civil, pasos que se alejaban. Y tuve la certeza de que todos los que íbamos en ese tren sentimos que, sin quererlo ni poder evitarlo, hoy habíamos matado a un hombre.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

principio o final

El paquete de tabaco está tirado en el suelo. Vacío. Se me están acabando los porros, mi único consuelo. Se me está acabando la vida. ¿O está comenzando? No sé cómo empezó todo, no sé qué voy a hacer, ni cómo voy a salir de esta. Debí tener más cuidado. Ojalá nunca le hubiese conocido, yo ahora no estaría así. Se me ofrecen varias alternativas. Pero yo sólo veo dos: tenerlo o no tenerlo. Si lo tengo, se acaba mi vida. Si no lo tengo, acabaré con la suya, sin siquiera darle la oportunidad de decidir si él o ella quiere seguir adelante o quedarse en el intento de ser alguien. Si lo hago, quizá me arrepienta. Si no lo hago, es posible que también. Así que las dos alternativas terminan por fundirse y convertirse en una sola. Ya tengo el lugar escogido: la azotea tiene unas buenas vistas, perfectas para ser escenario de una despedida. De nuestra despedida.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Por más que intento huir, por todas partes me sorprende el nombre de una ciudad tan deseada como inalcanzable, donde duermen mis sueños o echan a correr por todas partes, y yo sin poder salir detrás de ellos porque hoy estoy totalmente bloqueada, y por mucho que le diga a mis pies que se pongan a caminar, sé que no me harán caso. O seré yo misma quien los frene, porque ellos están ansiosos por correr hacia allí, hacia ti, pero me empeño en retraerme, en reprimirme, en esperarte aunque sé que tú ahora...
No sé donde estás.
Ni qué haces.
No sé si sé quién eres.
No sé si sé quién soy.

jueves, 25 de junio de 2009

declaración provisional de independencia

A veces creo que no puedo soportar esta ansiedad, este vacío que provoca tu ausencia. Dos semanas hace que no te respiro, dos semanas que llevo respirando humos de alientos ajenos. Realmente, no sé por qué hago esto, quizá sea el momento de alejarte de mi vida, puesto que, al margen del placer, de la calma ficticia que me aportas, solo me ofreces complicaciones.

Dos semanas que se me han hecho eternas, pero voy afrontando con fuerza y voluntad los retos que yo misma me planteo, y siento que verdaderamente puedo sacarte de mi vida, de mis labios, de mis manos, de mis propios pulmones. No me haces nada bien.

Seguiré echándote de menos, seguiré deseándote, fíjate cuán grave es el asunto que hasta sueño contigo. Pienso en todos los momentos que hemos pasado juntos, cualquier circunstancia era excusa, los malos ratos, los grandes éxitos... verdaderamente, has estado conmigo en los momentos más importantes de estos últimos cuatro años. A veces pienso en la idea de que todo es un teatrillo, que volveré a caer, que cualquier excusa barata bastará para que recurra a ti como último consuelo. Pero no, no quiero, me sentiría mal conmigo misma, me sentiría fracasada y débil, y es por eso que, sin siquiera habérmelo planteado, estoy llevando a cabo esta lucha interior. Sin siquiera habérmelo planteado, poco a poco estás desapareciendo de mi vida.

sábado, 9 de mayo de 2009

la única verdad


Cuando Eva encontró a Adán no ocurrió nada de lo que tradicionalmente la gente acostumbra a pensar. Fue un invierno, de esos de cuello alto y anorak de plumas, en plena ciudad y sin una hoja en los árboles (nada más lejos de la imagen de paraíso). No hubo costillas rotas, y ninguno de los dos acostumbraba a comer fruta. Las serpientes solo estaban en el zoo, y lo más parecido a la existencia de un ser que todo lo sabe era Matía Prats, con el discurso que les ofrecía cada noche. Sólo había algo que inevitablemente tenían en común con aquellos a los que se les asocia. Queramos o no, Eva, Adán y todos los aquí presentes compartimos algo fundamental con esos seres bíblicos. Y es que del polvo venimos, y en polvo nos convertiremos.


Imagen: Adán y Eva, Tamara Lempicka

domingo, 3 de mayo de 2009

Entre los "me quiere" y "no me quiere" tan dubitativos de una margarita, sin querer encontré a los niños perdidos. Sin saber si les incomodaría mi petición, o quizás les pareciese demasiado atrevida para ser nuestro primer encuentro, les rogué que me dijeran algo distinto, totalmente innovador, diferente a todo lo que había visto, oído, olido, soñado antes. Que ya nada conseguía tocarme de cerca, nada había que fuese inesperado, y les pedí que me ayudaran, que creía que había perdido el placer de sentir. Los niños perdidos fueron tajantes, tanto que vacilé entre echarme a reír o ponerme a llorar. Y sin más, siguieron su andadura.
Ellos sabían muy bien dónde estaban.La que estaba perdida era yo.