martes, 29 de marzo de 2011

Una horita de nada que hacer

Todo el día rodeada de leyes, de documentos, de páginas, al borde del naufragio y del ahogamiento, en un barquito sin timón que no sabe para dónde tirar, peleándome con el dutch que no se quiere hacer entender, y con el inglés que a veces me da pereza. Que si ahora paro para hacerme la comida, pero mientras como a toda castaña delante del fucking laptop escribo las frasecitas que con cuentagotas me iluminan, me apagan, me iluminan, me apagan, todo el rato. Así que me dan las cinco y me escapo del laptop y sus historias, cierro mi magnífica ventana y salgo por la puerta, y la Perla Negra está ansiosa porque la desate del parking y me la lleve de paseo, como un perro que lleva dos horas haciéndose pis y no se puede aguantar. Y las dos rodamos Valkenburgerstraat abajo, subimos un puente, subimos otro, y la dejo aparcadita al fresco, cerquita del mercado de las flores para que vea los tulipanes. Y he visto que aún había sol, y que la gente estaba sentada en las terracitas como en España, que las casas también van de pijama y que me encanta la ciudad en la que vivo, sobre todo cuando recoge la cortina del cielo y deja que pase el sol. Mientras daba vueltas y vueltas con mi ojo fotográfico por Spui, han venido los documentos y las leyes y todas esas patrañas importantes a no dejarme vivir, pero afortunadamente la puerta estaba cerrada y se han largado por donde venían. Así que he seguido andando y andando, tratando de ver el fondo de los canales mientras en mi despiste cotidiano, el viento me despeinaba las preocupaciones. Todavía lo flipo con el caos de tráfico de coches, personas, bicicletas y tranvías, a ver si no me atropella ninguno de ellos. También me hace ilusión ir andando por aquí y saber que para alante está Leidseplein, atrás está Rokin, a la izquierda Rembrandt y a la derecha el Singel, es como si fuese un mapa, aunque la brújula la tengo un poco rota y ahora no sabe muy bien donde está el norte. Y en eso estaba, cuando de repente me ha sonado el timbre, y esta vez, tonta de mí, he ido a abrir, y se me han colado las leyes y los tratados. Y ya no había otra solución que hacerles caso, así que he vuelto a por la Perla y hemos pedaleado a casa para comprobar si el tulipán había crecido otro centímetro en mi ausencia.

martes, 22 de marzo de 2011

Crónica de cómo una se transforma de TS a SW en potencia

Sí, llevo casi dos meses aquí, y no se me ha olvidado que la principal razón por la que vine fue para estudiar. Y digo que no se me olvida porque no me dejan.
Después de tres años de mi vida siendo una homo complutensis y haber pasado a ser homo erasmus, tengo que dedicarle una crónica al sistema educativo de los dutch, antes de sufrir el burn out por culpa de las assignments que tengo de aquí a abril…
Es difícil comenzar una comparación entre los dos sistemas educativos. Diré que durante mi etapa como homo complutensis hice las cosas típicas que hace la gente de esa especie: número de horas de rigor en la cafetería, colas interminables en reprografía para comprar apuntes, los míticos San Cemento, San Teleco, San Jacobo y otras tantas reuniones estudiantiles al solecito de Ciudad Universitaria, esos meses malditos que son febrero y junio, aprendí el significado de lo que era un crédito, de clases multitudinarias con profesores con efecto somnífero, los saraos de diversa índole de la facul de políticas y el posterior tránsito a ser de la raza boloñesa. Eso y mucho más que no se puede resumir en tan poco. Pero cuando esta llegó a Holanda, automáticamente pasó de ser una complu más a ser de la HvA, que es la University of Applied Sciences de esta mi ciudad, y que, por cierto, está un poco a la sombra de la UvA, que es la universidad principal de Ámsterdam.
Mi facul (una de ellas, porque tengo dos) no está en ningún campus propiamente delimitado como tal. Está en una calle muy amplia que tira para Amstel Station. Es un lugar muy mono, muy luminoso y con un piso de cada color (yo estoy en el amarillito). El primer día, nada más llegar, estaba en mi clase el de relaciones internacionales de la facultad, que me recibió con un “Tú debes ser Irene, de Madrid, ¿verdad?” a lo que yo asentí atónita, pues es bastante inusual que en mi uni de origen profesores o gente de ese rango te llame por tu nombre. A partir de ese momento ha sido una continua comparación para evidenciar diferencias, y pese a mi fidelidad respecto a mis orígenes, he de decir que no siempre es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer, y yo me quedo con lo nuevo.








A priori, esas son las diferencias que se me vienen a la cabeza. A favor del sistema español, he de decir que me gusta porque le tengo cariño. A favor del sistema holandés, todo lo demás. Así que ya podían espabilar los ministros de educación, o directamente los profesores y los mismos alumnos, para no quedarnos a la altura del betún en comparación con estos del norte. Y esa es mi opinión personal.

martes, 8 de marzo de 2011

Iris, Arnau y los molinos


El mejor día desde que llegué, en el que el sol lucía hasta regalarnos 23 magníficos grados, me encontré, después de tres meses de amistad “no presencial”, con mis dos soles procedentes de Barcelona dispuestos a descubrir la Ciudad X X X. Aterrizaron en Central Station, donde el Dandelion y yo les recibimos envueltos en plumas después de una guerra inusual en Dam Square. Después de aparcar las maletas en Plantage y acondicionar la madriguera del Dandelion para que nuestros guests estuvieran agustito, nos fuimos a ver Holanda y su capital. Uno de estos días descubriendo ellos y redescubriendo nosotros, nos cogimos el tren para ir más allá de los límites de la Ciudad X X X con una misión: descubrir la guarida secreta del queso holandés. Aprovisionados con pan élfico suficiente para afrontar la aventura, partimos por la mañana temprano de la estación Amsterdam Centraal.
Media hora más tarde, ¡Eco! los dos catalanes y las dos madrileñas ponían el pie en un lugar llamado Koog-Zaandijk, del que ninguno de los cuatro tenían mucha idea, así que se pusieron a caminar para adelante, esperando que pronto sus narices comenzaran a percibir el olor a queso cuya guarida andaban buscando. Sin embargo, no fue queso exactamente lo que empezaron a oler, sino una ráfaga de un denso perfume rancio, nada apetecible, que se concentraba más en el ambiente a medida que caminaban. A pesar de esa peste sutil que se metía en sus narices, no dudaron en seguir adelante, y pronto encontraron uno de esos gigantes que tanto habían confundido a Don Quijote algún tiempo atrás. El gigante en esta ocasión tenía un cierto aspecto holandés, y había sustituido las paredes encaladas por granito, y las aspas negras de Castilla por unas de color verde. El molino se levantaba ante ellos como un hito que les indicaba el camino a seguir, adornado en su fachada con un amenazante mosaico ilustrando un esqueleto con una guadaña. Pasaron de largo saludando a la calavera con un movimiento de cabeza, y cruzaron el puente que conducía a un pedazo de tierra que un cartel señalaba como Zaanse-Schans. Iban por buen camino.
Cuando tomaron aquel lugar fue como si Hansel y Gretel hubiesen abandonado un pueblo entero de casas de envoltorio de chocolatina, con el trasfondo de los seis molinos girando. Una flamante y redonda japonesa recién casada, haciéndose fotos en cada centímetro del lugar, y unos cuantos árboles mirándose en el espejo de los canales. Ya se olía el queso. Así que le preguntamos a los seres que más pinta tenían de estar metidos en la harina de aquel lugar, dos cabras y unas cuantas gallinas. Las gallinas pasaron y se retiraron a comentar acerca de los forasteros, pero las cabras nos siguieron un poco el rollo a cambio de sentirse las protagonistas de nuestras cámaras, y después de alguna que otra caricia, nos señalaron con la cabeza dónde estaba el lugar que buscábamos. Y resultó que era a la vuelta de la esquina. Así que nos metimos ahí, en la guarida del queso, para descubrir maravillados que no era la guarida del queso, sino de LOS quesos. El éxito de nuestra búsqueda fue recompensado por una cata gratuita y deliciosa al ritmo del Gouda, el Edam, el Massdam, el de cabra, el de vaca, el de oveja, el verde, el blanco, el amarillo… y con la prueba superada y el secreto del queso en la tripa, nos fuimos a seguir descubriendo Holanda.



martes, 1 de marzo de 2011

Dicen las malas lenguas que una imagen vale más que mil palabras. Lo dicen pensando en la realidad, en la fidelidad que esas imágenes ofrecen frente a la charlatanería del lenguaje verbal, tras el cual pueden esconderse mentiras, emociones, sesgos, exageraciones, ausencia de detalles, banalidades, blablablá. Yo, en cambio, soy una gran fan de la verborrea, y me sirvo de ella para construir una maravilla de la rutina, transformar a mi antojo la llovizna en un caos, traer el pasado al presente (o el futuro mismo), convertir en realidad los sueños y devolverle la vida a los muertos. No huyo de la realidad, le escribo palabras para combatirla. Pero ahora, puestos mis antecedentes sobre la mesa, me paso un momento al bando de estos de las imágenes. Por una vez, mantendré calladitas las letras y le daré vía libre a los ojitos, para que por esta vez, sean ellos quien enseñen lo que han visto y no sean las palabras las que lo cuenten. Y si lo hacen bien y gusta, igual les doy la oportunidad otro día. Así que ahí va, un mes en la Ciudad X X X, resumido en 10 imágenes.





















lunes, 21 de febrero de 2011

La gruta del Dandelion

Lo del Dandelion no es una madriguera cualquiera. Es una gruta en toda regla, con sus galerías, pasadizos, fauna y hasta un canal propio. Comparte la gruta con otros cinco habitantes, lo que hace la convivencia más interesante. Dentro de la gruta (que incluye cocina con microondas, batidora y horno, cosas de las que yo carezco, así como sofás y una tele plana… ¡vaya gruta!) está su madriguera, una amplia estancia de suelo naranja. El lugar también está lleno de cosas útiles, pero aún está vacío de todo lo demás, así que el Dandelion, como yo, ahora tiene el cometido de adornar su madriguera de sentimientos, experiencias, música y cine.
Finalmente, ambos hemos conseguido nuestro objetivo, el que nos marcamos desde buen principio, de estar juntos pero no revueltos. Y eso que, ante las adversidades en las que nos hallamos en ciertos momentos, incluso llegamos a cambiar el rumbo de nuestros planes y pensamos en compartir algo, que más que madriguera podríamos llamar cursimente hablando, “nidito”. Pero los acontecimientos quisieron que tuviéramos una reacción inesperada a lo que todo el mundo esperaba, y los dos estamos muy contentos. Además, es gracioso vivir eso que en dos años y medio no hemos vivido, algo así como: “Luego tomamos algo” “¿Te vienes a comer a casa?”, o encontrármele a la salida en la puerta de la facultad con un aire romanticón.
Así que Dandelion, mi gran enhorabuena por haber encontrado un techo directamente proporcional al esfuerzo de la búsqueda. ¡Muchas FEIlicidades!
Y como decía unos días atrás, una vez más nos ha cambiado la mirada cuando le abrimos los ojos a la Ciudad X X X. Esas “X” se van despejando poco a poco (aunque seguiré llamándola así, porque me gusta), ya no la vemos como un lugar con retos casi insuperables. Más bien, es una ciudad que, si quieres cruzar el canal, un poquito más adelante te ofrecerá un puente. Pero por supuesto, tienes que caminar. Yo soy muy optimista con esas cosas, y como muchos saben, pienso que si deseas algo con muchas ganas y trabajas por ello, ya tienes un gran porcentaje para conseguirlo. Algunos lo llaman “la Ley de la Atracción”, otros “energía” y yo lo llamo también voluntad y ganas. ¿Cuál será el próximo paso? ¿Cuál el próximo acontecimiento que agite la bola de nieve en la que vivimos? No tengo la menor idea, ahora no busco nada, sólo espero que las cosas vengan para saborearlas, y hacer simbiosis con esta ciudad, que tanto me gusta desde el mismo momento en que puse los pies en ella, hace ya más de cinco años.

jueves, 17 de febrero de 2011

La búsqueda

Lady Barbuda tenía la certeza de que en la Ciudad XXX se hallaba la Fuente de la Eterna Juventud. De ella manaba el delicioso líquido que acostumbraba a beber en el lugar del que venía, ese que la mantenía joven y fresca, pero que, tras el difuminio que habían marcado las fronteras tras sus pasos, ahora le resultaba prácticamente inaccesible. Así que, lo que antes era un ir y venir rutinario para abastecerse en la Fuente de la Eterna Juventud, ahora se había convertido en una hazaña digna de relatar.
La Perla Negra esperaba impaciente, con ansias de aventura ante el nuevo reto que se presentaba, deseosa de iniciar el camino hacia el Tesoro. Lady Barbuda se acomodó en su montura y dieron rienda suelta al nuevo poder que habían adquirido: juntas, conocían el camino a cualquier lugar que desearan ir, incluso aunque nunca antes hubieran estado. Haciendo uso de ese tremendo poder, dieron rienda suelta a su intuición guía y galoparon a la orilla de canales, cruzando puentes a lo largo del caos ordenado de la Ciudad XXX. Debían darse prisa, pues a la incertidumbre del lugar exacto donde se hallaba la Fuente de la Eterna Juventud se añadía un hándicap: esta se cerraba cada día a las seis de la tarde, cuando el sol ya se había escondido más allá del último canal de la Ciudad. De modo que, luchando contra el tiempo y el espacio, Lady Barbuda y la Perla Negra llegaron a Haarlemmerstraat.
Según había consultado en los mapas, era allí donde estaba la Fuente de la Eterna Juventud, y gracias a la intuición guía que habían desarrollado, no les fue difícil encontrarla. Un ápice de decepción asomó cuando descubrieron que la Fuente había echado el cierre por aquel día, pero se esfumó en el instante en que apareció el hada madrina de aquel momento y abrió la puerta. Lady Barbuda entró en aquél lugar, dejándose envolver por olores de su memoria que ya no le eran rutinarios, sino un poco nostálgicos: aceite, jamón, pan... y por fin, después de tres semanas en el país en el que los habitantes no caminan, sino ruedan, encontró esos polvos marrones con los que fabricar la bebida que la mantenía en la Eterna Juventud. Después de tres largas semanas sin probarlo, había vuelto a beber de ese incomparable Elixir de la Vida. Una vez más, Lady Barbuda y la Perla Negra habían triunfado en la Ciudad XXX.




En resumen, que YA tengo ColaCao. 450 gramos por el módico precio de 6,50 el bote. Toma ya.

sábado, 12 de febrero de 2011

A house in the middle of the street

Lady Barbuda retransmitiendo desde el Red Light District:
19 de la tarde, hace un día asqueroso! lluvia, frío... y mientras el gadget del escritorio me recuerda que en Madrid disfrutan de 12 graditos y un sol amarillo y brillante. Pero ¡no pasa nada! ¡El lunes me mudo a mi madriguera! Después de una intensa búsqueda que durante dos semanas me ha tenido en ascuas, caminando en la cuerda floja con riesgo de caer al canal, he conseguido un techo más o menos estable. El lugar es una residencia de estudiantes cerquita de Central Station,cerquita de mi uni y bastante acogedor. Como edificio vecino, tengo una facultad de la UvA. Según entras, se agradece que en los escalones te quepa el pie entero, y el número de escalones es asequible, e incluso podría decir escaso (en comparación con otros lugares, proclives a un suicidio involuntario escaleras abajo). La madriguera consiste en una habitación de paredes azules, grandes ventanales, una cama, un escritorio y un armarito. En la parte de arriba vive otra estudiante, nos separan las escaleras que suben a su habitación y una barandilla. Quizá se eche de menos algo de intimidad, pero no está tan mal. Con ella comparto baño y la cocinita. Además, la Perla Negra tiene un lugar más protegido donde echar el ancla y dormir. En conclusión, me gusta el lugar y puedo hacer de él mi casa unos cuantos meses, hasta que la verdadera "tenant" vuelva de su investigación en la India, porque sí, olvidaba decir que voy a estar subalquilada mientras la legítima alquiladora está ausente. Al parecer es un chanchullo bastante frecuente en la Ciudad X X X, debido al gran problema de densidad de población que tienen. Así que ahora, a esperar a que llegue el lunes, y mientras tanto, seguiremos informando y buscando la madriguera del Dandelion, que se hace de rogar un poquito más (esperemos que no mucho). Buen fin de semana, aquí termina la crónica de Lady Barbuda desde el Red Light District.

martes, 8 de febrero de 2011

Hace como una semana que Lady Barbuda no se deja ver por estos lares, así que ya es hora de continuar con las crónicas. Estos días, como venía diciendo, son realmente atareados, el acompañante y yo no hacemos más que ir de un lado para otro en nuestra interminable búsqueda de madriguera, pero con esa excusa aprovechamos para conocer esta ciudad de juguete. Aquí cada día nos ofrece una cosa nueva por descubrir, es la magia de las ciudades desconocidas, que poco a poco se dan a conocer, pero nunca llegas a saber todo de ellas. Y, tal y como hablaba con el acompañante (al que a partir de este momento me referiré como Dandelion), con cada nuevo acontecimiento nos cambia la mirada, y sentimos que poco a poco vamos avanzando. Así que no puedo hacer otra cosa que contar el acontecimiento clave que nos ha cambiado la perspectiva esta semana:

La tátara-tátara-tátara-tátara nieta de un hidalgo escuchimizado (que bien podríamos confundir con Don Quijote, aunque sin serlo) que se había dedicado a caminar por toda Castilla a causa de su cerebro reseco, con temor a que, de tanto leer, le ocurriera lo mismo que a su tátara-tátara-tátara-tátara abuelo, se anticipó a que su cerebro se secara, y tal y como hizo el antepasado, se puso a caminar. Tanto caminó, que sus pies terminaron por convertirse en alas, y volando volando, aterrizó en unas tierras verdes y esponjosas, con ríos que simulaban ser calles, y edificios construidos como por un arquitecto algo ebrio. Aquel lugar era muy distinto de la Castilla por la que había caminado su ascendiente, y a la que ella estaba acostumbrada, pero era un sitio acogedor y coqueto, así que lo escogió como su nuevo hogar. Pronto se sorprendió al descubrir que en aquella ciudad los pies no se utilizaban tanto como en el lugar de donde ella venía, ¡qué demonios! Nadie utilizaba los pies, sino unas extrañas criaturas que los nativos empleaban para sus desplazamientos. Montados sobre aquellos seres que no tenían ojos, ni boca, ni patas, y con cuerpo de metal, los pobladores parecían moverse mucho más rápido que sobre los pies, así que la chica llegó rápidamente a la conclusión de que habría de hacerse con uno de esos artilugios si quería descubrir la tierra mágica en la que ahora vivía.
No tardó ni una semana en encontrarla, o a lo mejor fue ella quien fue encontrada. Al verla, quedó deslumbrada por su elegancia, su esbeltez y su estilo. Su color negro brillante que había comenzado a perderse consecuencia de la experiencia. La tocó y notó una vibración que le reafirmaba en su decisión de que, durante el tiempo de andadura por aquél lugar, nunca más se separarían. Y así es, desde entonces cabalga por las tierras verdes y esponjosas, a la orilla de los ríos que simulan ser calles, bajo los edificios construidos como por un arquitecto algo ebrio sobre su fiel montura. Y por supuesto, el nombre no podía ser otro: la Perla Negra.
Irene y la Perla Negra.

martes, 1 de febrero de 2011

Continuamos con el parte informativo, hoy del día 31 de enero de 2.011, lunes de cielo plomizo en la Ciudad X X X. Para algunos, habrá sido un maldito lunes más. Para otros, comienza la semana. Para aquellos que se hayan casado, hayan sido ascendidos en el trabajo o les haya tocado el cupón de la Once (o al menos lo que echaban) habrá sido un día fantástico. Y para mí, ha sido mi cumpleaños. 21 inviernos, sí señores, compartiendo suelo con todos ustedes, de lo que me siento muy orgullosa y es un honor (obviamente mutuo, tanto por mi parte como por la vuestra). Y bueno, ahora los chiquillos se meterán conmigo llamándome señora y diciéndome "Oiga, que usted ya no tiene 20 años". Pero tengo mi propio recurso "antiedad", o mejor dicho, mi fórmula estilo Peter Pan para no terminar de hacerme mayor. Y digo yo, uno es mayor cuando empieza a tener recuerdos de 20 años atrás. Para mí eso es imposible, puesto que por mucho que lo intente, no logro recordar los acontecimientos de cuando tenía un año (que es la edad que correspondería en este momento). Aun así, seguro que con mi mala memoria, cuando tenga 25 no me acordaré de cuando tenía 5, y cuando tenga 30 no recordaré exactamente cuál era mi vida con 10. Ya está, eternamente joven^^. Sea cual sea la artimaña que se me ocurra, muchas felicidades Irene!
Bueno, hoy hemos tenido tres acontecimientos principales que resumiré rapidito (que tengo que irme a dormir):
1. Ya tenemos soffi nummer. Eso significa que ya podemos currar
2. He soplado 21 velas en la cafetería de una facultad de la UvA, con el acompañante y dos sevillanas que son muy guays
3. Hemos visitado la cueva de una versión iraní de Shrek (con todos mis respetos al señor, pero era inevitable evidenciar las similitudes). Recalcando este tercer momento, decir que hemos aparecido ahí donde Cristo perdió el mechero, en un lugar bastante oscuro y solitario, y una vez llegados a la cueva, el buen señor nos ha comunicado en un idioma bastante distante de lo que nosotros llegamos a entender, que alquilaba su habitación para compartirla, en su casa con un olor bastante sospechoso, y en definitiva, poco atractivo. No, el acompañante y yo no somos nada pijos, somos gente con critero. Así que hemos decidido al unísono que aquello no se acoplaba a nuestra idea de madriguera, y hemos salido corriendo de la cueva, hallando el alivio con olor a marihuana de nuestro Flying Pig.
Buenas noches, noches a todos, todos.

domingo, 30 de enero de 2011

Con noticias de Holanda

Retomo este espacio abandonado y vuelvo a meterme en la piel de Lady Barbuda, que ha viajado a latitudes norteñas para expandir sus mundos: el geográfico, el social, el académico, y el interior (y seguro que alguno más). Aquí estoy, en la ciudad X X X. Mi situación actual, de ahora mismito: son las 12:20 de la mañana, me he perdido el desayuno del hostal por perrería, y tengo a mi acompañante dormido aquí al lado, más perro aún que yo. Internet me dice que fuera la temperatura es de 1ºC, pero estoy segura de que miente, y ahí afuera hace como -10ºC (entre el airecito y la humedad). Y como dicen que al séptimo descansó (aunque no llegue a una semana nuestra estancia aquí), nosotros homenageamos al domingo como se merece, o al menos un rato.
Es difícil resumir estos 5 días como amsterdarmmer, por que no he parado, así que hago un breve repaso para quien se pregunte qué ha sido de la loca de Irene, y qué hace que a penas da señales de vida.
Pongo rápidamente en antecedentes: el 25 de enero salía nuestro avión (el mío y el del acompañante), desde dos puntos diferentes de la geografía española: Madrid y Barcelona. ¿Por qué Ámsterdam? Porque desde hace 5 años le tengo puesta una estrellita en mi mapamundi personal, y porque además el universo se confabuló para que este fuera mi destino Erasmus. El acompañante decidió una buena mañana (que ya no recuerdo si fue de primavera, de verano o de otoño) acompañarme en mi viaje y trasladar sus objetivos allí. De modo que desde entonces, nos acompañamos mutuamente en inquietudes, dudas, ilusiones y vivencias en esta aventura que acaba de comenzar.
Un detalle bastante importante es que aún no tenemos una madriguera fija en la que deshacer nuestras maletas, un tema que me ocupa los pensamientos unas 12 horas al día. El resto de horas duermo, como o realmente pienso que me encanta esta ciudad.
Estos tres días atrás yo he estado muy ocupada con el ISN Introduction, tres jornadas de presentación de los estudiantes internacionales en las que más o menos, todos eran como yo, aunque con una diferencia: todos tienen casa. No han estado mal estos tres días, me han servido para recordar la ciudad, para saber dónde ir y dónde no ir (Fucking House ¬¬). He estado en mi primera Borrel (reunión típica holandesa en la que la peña se junta para beber cerveza) y he surcado las negras aguas de los canales. Le he echado un ojo a las bicis, estoy deseando tener una, pero ahora mismo la prioridad es el piso, OJALÁ tenga suerte (seguro que sí) y os ponga aquí la maravillosa noticia de que tengo un piso precioso (y vosotros, lugar donde dormir cuando vengais a visitarme).
El hostal es entretenido, muchísima gente joven, y su zona de fumadores está llena de morados que empiezan el porrotour a eso de las 8 de la mañana. A mi favor o en mi contra, mencionar que con tanto que hacer aún no he pisado un coffee.
El martes empiezo la universidad, y ya tengo 30 páginas que leerme para una asignatura. Fantástico, ¿no?
Otro detalle importantísimo a mencionar es que ESTOY EN EL PAÍS DE LOS CRUESLIS, es decir, para los ignorantes que no los conozcan, los mejores crispis del mundo. En el supermercado hay a montones, y en el hostal mismo, me los ponen para desayunar.
Sin más que añadir por ahora (al menos que yo recuerde), concluyo esta primera crónica de la ciudad X X X, en la que estoy realmente contenta (a pesar de los intentos del clima de criogenizar disimuladamente al personal).

Muchos besos y abrazos!

Lady Barbuda

sábado, 9 de enero de 2010

Se busca

Se busca...

Chico con barba, de esa que raspa. Con los ojos tan oscuros que son casi negros. Con esa sonrisa tan genial que siempre termina por despertar a la mía. Con algún que otro lunar que ya me he aprendido. Y que no falte esa cara de despistado, esa que solo conozco yo. Con las manos cargadas de manías, las cosquillas guardadas en rincones secretos. Y esos pies, pies de caminante desgastados de llevarle a tantos sitios. Quiero que le traigan, ¡que le traigan aquí!


miércoles, 2 de diciembre de 2009

principio o final

El paquete de tabaco está tirado en el suelo. Vacío. Se me están acabando los porros, mi único consuelo. Se me está acabando la vida. ¿O está comenzando? No sé cómo empezó todo, no sé qué voy a hacer, ni cómo voy a salir de esta. Debí tener más cuidado. Ojalá nunca le hubiese conocido, yo ahora no estaría así. Se me ofrecen varias alternativas. Pero yo sólo veo dos: tenerlo o no tenerlo. Si lo tengo, se acaba mi vida. Si no lo tengo, acabaré con la suya, sin siquiera darle la oportunidad de decidir si él o ella quiere seguir adelante o quedarse en el intento de ser alguien. Si lo hago, quizá me arrepienta. Si no lo hago, es posible que también. Así que las dos alternativas terminan por fundirse y convertirse en una sola. Ya tengo el lugar escogido: la azotea tiene unas buenas vistas, perfectas para ser escenario de una despedida. De nuestra despedida.

lunes, 30 de noviembre de 2009

el gesto


Salí a la calle. Eran las ocho. El día estaba tan sumamente gris que me hizo llorar.
El frío me hizo llorar.
Las prisas me hicieron llorar.
El vacío me hizo llorar.
El amor de nuevo me estaba haciendo llorar.
Y así hice el camino hasta la estación, con los sentimientos desbordándome los ojos. Los ojos ocultos tras unas gafas de sol que no tenían mucho sentido en un día tan nublado. ¡Qué tontería! Yo no nací para disimular, y a veces olvido que es inútil que lo intente.
Me las quité y las guardé, ofreciéndole mi llanto silencioso a un montón de desconocidos que me miraban de reojo mientras esperaban al tren. Llegó, me subí, me senté, y no pude evitar el romperme del todo en un mar de lágrimas que destrozaban el equilibrio silencioso de la rutina de una forma que rallaba el absurdo.
La tristeza, en un momento tan crítico como el del llanto, tiene algo en común con la alegría en su punto culminante. Y es que en ambos casos lo que más se necesita es un abrazo.
Cualquier gesto se agradece. Y lo máximo que podía esperar fue lo que recibí en ese momento. La mano de la persona que estaba sentada frente a mí me ofrecía un klínex. Alcé la mirada al tiempo que lo cogía y vi la mujer que, con ese sencillo gesto, me decía "no llores niña, las cosas no son tan importantes como a veces nos parecen, sécate las lágrimas e intenta hacer de hoy un buen día". Le ofrecí la mejor sonrisa que me permitían mis circunstancias, y secándome las lágrimas le contesté "Tiene razón".
Y me bajé en Cuatro Vientos.

martes, 10 de noviembre de 2009


Había sido un día duro en el calendario, uno de esos que se tachan con una equis sin dar lugar a más comentarios. Los lunes y los martes se han unido para acabar conmigo, pero en aquel momento deseché la idea de darme por vencida. Balanceándome temerariamente entre la fiebre y el cansancio de un ritmo que todavía me cuesta, le di la espalda a la cama, agradecí el calorcito eléctrico del radiador en ausencia del calorcito humano que tanto se echa de menos en momentos como ese y me enfundé ese jersey granate de rombos, que dentro de mi armario es lo que más se parece al uniforme de poeta. Tiré todo por el suelo: los zapatos, los apuntes, el teléfono, los bolígrafos y los tickets, y de paso abrí la ventana y tiré la vergüenza, las normas, las leyes, los prejuicios, el cansancio, y todas las demás piedras. Me deshice de todo, y consideré que había llegado el momento. Me senté aquí, respiré con los ojos cerrados y me puse a hacer lo que más me gusta del mundo: escribir.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Por más que intento huir, por todas partes me sorprende el nombre de una ciudad tan deseada como inalcanzable, donde duermen mis sueños o echan a correr por todas partes, y yo sin poder salir detrás de ellos porque hoy estoy totalmente bloqueada, y por mucho que le diga a mis pies que se pongan a caminar, sé que no me harán caso. O seré yo misma quien los frene, porque ellos están ansiosos por correr hacia allí, hacia ti, pero me empeño en retraerme, en reprimirme, en esperarte aunque sé que tú ahora...
No sé donde estás.
Ni qué haces.
No sé si sé quién eres.
No sé si sé quién soy.

viernes, 23 de octubre de 2009

Sé que mañana me dirás que yo tenía razón, que no existen las cosas imposibles y que siempre hay una solución para aquel que no se cansa de buscarla. Me abrazarás con ese cariño de antes y te reirás conmigo de todos aquellos que decían que el Alzheimer era incurable, y que llenos de razones me afirmaban que jamás volverías a llamarme por mi nombre, sin que otra persona lo reconstruyera por un momento en tu memoria en ruinas.

martes, 6 de octubre de 2009

Día Rojo

Después de un mes en el que la niña había estado jugando a ser mayor y el juego le había gustado, en el que ella sola era quien hacía y deshacía, dueña de sus actos como nunca antes lo había sido, ella se presentó una noche de octubre de un incipiente otoño extrañamente caluroso.
De sopetón, la chica que ya se creía mayor comenzó a encoger y encoger hasta quedarse en la niña que probablemente seguía siendo, y por primera vez se sintió sola. Se encontró con que su barco de sueños de 105 centímetros de repente albergaba esas cosas que tanto le preocupan a los mayores: la casa, los estudios, el trabajo... En su cama, (que ahora resultaba inmensa) buscó un abrazo y no lo encontró. Buscó palabras de ánimo, pero solo escuchó silencio. Buscó calor, y sólo sintió el agobio que le causaba el edredón sobre su cuerpo. Buscó besos, pero estaban demasiado lejos.
No podía hacer nada, simplemente fortalecerse a sí misma, hacerse valiente, pues era lo que ella había elegido, era lo que realmente quería. Así que cerró los ojos para que desaparecieran de su vista todos los miedos y se durmió.
Ireneotoño había llegado sin avisar, y le había dado un susto. No había por qué preocuparse.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Ahora, después de los mil y un días sin saber de ti, de repente me dices las palabras mágicas, y ejerces sobre mí ese poder de transformación que te has adjudicado y que sólo tienes tú. Ese poder que me devuelve a la princesa y a su vestido blanco, alejando de mí todos esos momentos en los que la creí muerta, porque el príncipe vuelve, tal y como prometió, aunque a veces ni siquiera pudiera creerle. Entonces ocurre que la coraza se agrieta, el maquillaje se cuartea. La droga en las calles, la violencia, la decadencia. El miedo, las plumas mojadas, el papel destruido, las velas que se consumen, las vidas que se consumen… todo adquiere el papel contrario al asignado y chispea, porque todo es vida, y no importa nada más. El otoño que viene preparará para ti su vestuario de gala, y yo reviviré mi mejor sonrisa. Todo por las palabras mágicas, que son tan inusuales que alimentan mi incredulidad y hasta me parecen mentira, pero que cuando se dicen… alcanzan su objetivo permanente de mantenerme hechizada. Y ya no importa nada más.

viernes, 11 de septiembre de 2009

She's so cold - He isn't here

Él no está. Una vez más te preguntas por qué esa canción le recuerda a ti. Si tú eres todo lo contrario. She’s so cold, dice, qué irónico puede ser el hecho de que esa canción le recuerde a ti. Así que tú la escuchas con todo el desconcierto y con toda esa impotencia porque él no está, y la canción te recuerda a él porque a él le recuerda a ti.
Juegas a disfrazarte de ella, de la fría, pero piensas “es imposible”, sobre todo cuando él está, te calientas, te calienta y ni en broma cabe en la cabeza que, como ella, puedas congelar con la piel a cualquiera que toque tu piel helada. Así que ríes, porque es mentira, porque no es así, él no es demasiado cálido para ti. Y cuando se acaba la canción, aún con la musiquilla en la cabeza, sin ser consciente de ello buscas algún lugar, cualquiera que sea, que dé algo de calor a tu cuerpo, a tu mente, que sin querer y sin saber se ha congelado en el tránsito del recuerdo de cuando estabas con él y de repente te das cuenta de que él no está.

viernes, 28 de agosto de 2009

El Regreso

Nadie se enteró de su llegada, pues sus pies tocaron Madrid en ese intervalo de tiempo en el que la ciudad se va a dormir o se despierta, según se mire. Llevaba en la maleta poco más que tres pantalones y alguna camiseta. Pero en su maleta había ido guardando muchas cosas más. Tantas cosas, que se había dado cuenta de que era el momento de volver a casa.
Y eso hizo, giró la llave sin el menor ruido y se acostó en la cama como si nunca se hubiera ido. Bien guardadito en su memoria cada momento que el verano le había regalado, se durmió enseguida pensando algo que tiempo atrás había repudiado


Hogar, dulce hogar

Irene ha vuelto